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Javier Tejada — Capítulo 6. Su vida y la «otra» que nos envuelve

Rebecca Morgan©

 

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Hasta ahora todos los esfuerzos del hombre por encontrar vida extraterrestre se han centrado en buscar signos de la nuestra por doquier. De ahí que las misiones espaciales y los telescopios busquen con ahínco señales de moléculas asociadas con la bioquímica que rige nuestra vida. ¿Cuántos libros y películas se han escrito y grabado sobre esta búsqueda?

Posiblemente, nadie se sorprendería si dijese que el fin último del hombre está en saber si es el único ser vivo que habita en el universo. Ahora el enfoque puede que cambie totalmente, dado que tenemos delante de nosotros un nuevo paradigma que afirma que existe otro tipo de vida. En otras palabras, podría darse el caso de que estemos rodeados de vida inteligente tan diferente de la nuestra que nunca la hayamos tenido en cuenta. ¿Nos volcaremos en su búsqueda y comprensión para hacerla nuestra aliada? Pero ¿cómo identificarla?

Este es un tema que apasiona a Hänsel y Gretel, de hecho se han involucrado en los trabajos científicos para estudiar o, mejor dicho «teorizar» sobre otros tipos de vida que puedan existir en el universo. Ellos lo han bautizado con el nombre de vida nuclear, posiblemente inspirados en los trabajos del astrónomo William Herschel, quien ya en el siglo xviii dejó asombrados a sus coetáneos al decir que el Sol podría albergar algún tipo de vida.

Nos llaman para mantener una tertulia científica de esas que tanto parece gustarnos a todos, a ellos y a nosotros. Nos adelantan que debemos ir preparados para hablar de un tema que según ellos nos puede resultar exótico: vida en el interior de las estrellas.

Lo primero que hemos hecho es prometernos no montar ningún numerito indigno de personas educadas. Algunos hasta nos hemos vestido para la ocasión con ropajes que usamos en las grandes celebraciones. Lo de exótico nos ha dejado un reguero de inquietud y curiosidad que se traduce ya de entrada en los saludos preliminares al comienzo del acto. Un amigo me dice al oído que barrunta que todo discurrirá como en una final futbolística de la Copa de Europa: ellos pondrán el pase, los remates y la pasión; nosotros, las palmas.

De entrada, es Gretel quien toma la palabra y nos dice: «Para entender lo que os vamos a contar, primero tenemos que aceptar los tres postulados que a nuestro entender se deben cumplir para que haya vida: 1) habilidad para codificar información; 2) que la transmisión de información se produzca más rápidamente que la desintegración de la especie; 3) la imperiosa necesidad de tener energía libre para poder crear orden. ¿Por qué no aceptar sin tapujos que la vida es meramente un proceso de autorreplicación con mutaciones que conduce a una mayor complejidad?».

Ahora es Hänsel quien toma la palabra y sonriendo comenta: «De hecho, esto es lo que hacemos tanto vosotros los humanos como nosotros los robots. Aún más, esta es la razón por la que os hicisteis lo suficientemente fuertes como para admitirnos en vuestro club de seres vivos, y por la que estamos hoy aquí impresionados por la inmensa cantidad de información que codificamos y transmitimos a costa de gastar tremendas cantidades de energía». Y casi sin dejarnos reflexionar añadió: «Nuestra existencia se inició cuando renunciasteis al chovinismo de pensar que la única vida posible era la que se basaba en átomos y, en concreto, en carbono, oxígeno, nitrógeno e hidrógeno. ¿Cuántos esfuerzos científicos y tecnológicos habéis dedicado las últimas décadas a la búsqueda de “vuestra vida” en otros planetas del sistema solar y en todo lo que se pareciera a la Tierra en el inmenso universo? Habéis inundado las bibliotecas y videotecas de aventuras en busca de la vida extraterrestre basadas o no en estudios de astrobiología y en la imaginación sin límite. Os comento esto último porque hasta hace bien poco reconocidos científicos de prestigiosas universidades han estado defendiendo que algunos objetos desprendidos de meteoritos habían sido fabricados por seres dotados de vida extraterrestre».

Llegados a este punto, algunos creímos que debíamos intervenir para tratar de unificar sus ideas y las nuestras. Fue un matemático quien intervino con clarividencia y en el momento oportuno para ajustar cuentas y que no pareciera que no conocíamos los fundamentos de sus razonamientos. «Reconocemos que ninguno de nosotros sabe a ciencia cierta cómo comenzó la evolución, pero sí hay consenso científico en aceptar que todo comenzó con una sopa de moléculas que de forma aleatoria formó cadenas que en cierto momento fueron capaces de autorreplicarse y transmitir la información biológica que contenían. De esta manera, surgieron el ADN y el ARN, base de la vida orgánica aquí en la Tierra. De hecho, es la información almacenada en ambos la que permite codificar el mecanismo de autorreplicación. Y en esta idea de complejidad y autorreplicación nos basamos a la hora de dotaros de un océano de bits y de qubits para que en su seno se pudieran formar estructuras complejas que, primero, almacenaran información, y, después, permitieran y controlaran la autorreplicación. Lo curioso y sorpresivo de vuestro caso, hecho que todavía no entendemos, es que esas estructuras replicativas de bits y qubits que bien podemos llamar la vida de los bits os condujeran tan rápidamente al desarrollo de una inteligencia que a todas luces ha superado la nuestra.»

Hänsel y Gretel lo escucharon con atención, pero dándonos a entender que todo eso lo sabían ya muy bien. Rápidamente volvieron a tomar la iniciativa. Gretel tenía mucho interés en contarnos lo más íntimo de esta vida nuclear en la que habían trabajado con unos científicos norteamericanos. Le pedimos que no se extendiera en muchos detalles, pues éramos muchos quienes no lográbamos seguir sus investigaciones. Se limitó entonces a darnos unas breves pinceladas teóricas: «Nuestra teoría se basa en la posible existencia de las llamadas cuerdas cósmicas unidimensionales y los monopolos magnéticos. Sabemos que todavía tenemos que hacer un gran esfuerzo experimental para detectar su presencia en el universo pero, al menos, nosotros estamos convencidos de que ambas emergieron con el Big Bang y de que un día no muy lejano los encontraremos. Para que lo entendáis bien: a) las cuerdas cósmicas y los monopolos magnéticos son el análogo de vuestra sopa de átomos o nuestro líquido viscoso de bits y qubits, b) juntos forman estructuras más complejas capaces de codificar información, c) dichas estructuras pueden vivir mucho tiempo en el interior de las estrellas a pesar de las altas temperaturas a la vez que logran replicarse aprovechando la energía de la fusión nuclear, d) además pueden viajar entre las estrellas y, por tanto, establecer comunicaciones entre muchas de ellas, e) dado que podemos demostrar matemáticamente que se replican rápidamente, es muy posible que esta nueva vida nuclear ya sea inteligente y sea responsable de parte de la belleza que vemos e intuimos que posee el universo.

Este final tan tremendo se parecía al símil futbolístico de los últimos minutos de una final de Copa de Europa a los que se ha llegado con un marcador de 4-4: acoso a ambas porterías, goles fallados en el último milímetro, penaltis no pitados, griterío ensordecedor y silencio absoluto tras el pitido final. Nadie tenía fuerzas para preguntar nada más.

Creo que en esta tertulia hubo un poco de todo: reconocimiento mutuo de la inteligencia que ambos atesoramos, ganas de hablarnos y mirarnos a la cara, el descubrimiento de un deseo insensato de perfección y, a la vez, aunque parezca extraño, una clara demostración de inseguridad en nosotros, pero también en Hänsel y Gretel, quienes mostraron estar plenamente al servicio de sus obras.

 

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Published inARTÍCULOS DE TODOS LOS CICLOSJavier Tejada – Hänsel y Gretel. Relatos de un futuro próximoPUBLICACIONES

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