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Álex Sàlmon – Las butacas de la cultura son saludables

“Un teatro privado, y también los públicos, comienza a tener beneficios a partir de la butaca que hace el 70% de su aforo”

 

Es más seguro la butaca de un teatro que el sofá de mi casa. O de un cine. ¿Lo tienes claro?, dirían algunos. El secreto está en las rutinas. Para llegar al sofá de mi casa no se precisa pasar por un control de temperatura, un lavado de manos, mínimo contacto con el de al lado, ni mantener la mascarilla en posición. Por eso, no invito a nadie a mi casa desde hace mucho. Claro que no me gano la vida con mis amigos en el sofá.

Los teatros y los cines, sí. Sus negocios se mantienen gracias a los espectadores. Sin ellos, esa parte de la industria cultural se derrumba. Ni los actores interpretarían las vidas de otros, ni los directores dirigirían esas vidas inventadas, ni los guionistas crearían esos personajes, ni los empleados de los teatros o cines mantendrían viva la logística del espacio para que el espectador se sentara a evadirse, ni los del decorado, o el sonido o las luces o la limpieza del mismo lugar. En los teatros, como en los cines, no se trata de invitar a nadie. La cuestión es que una industria, la cultural, siga produciendo.

Delante nuestro tenemos una evidencia: el virus, por muy apestado que sea, va a seguir molestando y, en algún caso, matando. Pero nuestra respuesta a ello debe tener la mesura de una rutina más. Y es ahí donde, quién tiene la responsabilidad política de equilibrar esos dos términos tan engañosos como son sanidad y economía, debe aportar para evidenciar que ese debate es inútil.

Es lógico que en nuestras casas las medidas estén decididas para soportar la bien llamada burbuja familiar. En estos casos, se castiga la relación social, muy importante para llevar una vida completa, pero prescindible si en ella nos va la vida. Y también con la probabilidad de ser sustituida por otras formas de relación.

Sin embargo, a los teatros en concreto, quien decide estas cuestiones públicas, que son políticas, pero sobre todo públicas, no se les puede castigar con errores que se intuyen y se evidencian a la hora de diagnosticar la fortaleza financiera que tienen sus empresas.

Un trabajador medio con nómina, no autónomo, comienza a ganar dinero a partir del séptimo mes del año. Hasta junio ha estado pagando impuestos. La idea es sencilla de trasladar. Un teatro privado, y también los públicos, comienza a tener beneficios a partir de la butaca que hace el 70% de su aforo, después de impuestos, sueldos, gastos del local y extras. Así, cualquier porcentaje que esté por debajo es perder dinero, aunque tenga a una parte importante de la plantilla en ERTE.

Este desconocimiento sobre la industria cultural en su profundidad provoca que los responsables políticos en cuestiones de cultura estén errando un día, y otro más, en sus decisiones sobre la gestión de la pandemia. Y aquí no se trata de los habituales enfrentamientos entre las políticas en Catalunya o en Madrid. Se trata de restar gastos a ingresos con todas las prudencias activadas.

Las próximas semanas serán de reactivación para el sector. Muy lentamente los teatros, las salas de música y los cines irán abriendo según las exigencias de la Generalitat. De momento casi todo el sector es salvable. Un “casi” que da miedo. La gran pregunta es si tras la temporada navideña el Govern va a seguir castigando con tanta crudeza y frialdad a un sector que es más sano que el sofá de mi casa. Sin entrar en el mundo de la restauración que es diferente. Sobre todo, en las medidas de porcentaje de beneficio.

Porque alguien ya debería estar pensando en el próximo mes de febrero. O en la próxima primavera. Habrá transcurrido un año desde el primer confinamiento. Será una prueba de cargo para afirmar que el virus llegó para quedarse y que será tan importante la prudencia ante su virulencia, como la inteligencia a la hora de hacerle frente. Nos va el futuro de un sector, el cultural, que es medidor de su potencial como sociedad.

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Álex Sàlmon és periodista, analista a Catalunya Ràdio, Tv3, TVE i Ràdio 4. Professor de periodisme a la UAO i a la UIC.

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