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Entrevista a Javier Tejada, por Gisela Chillida

 

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Javier Tejada Palacios (1948) es un físico y científico español especializado, dentro de la física magnética, en magnetismo cuántico. Es doctor en Ciencias Físicas y catedrático Emérito de la Universidad de Barcelona. Ha impartido clases y trabajos de investigación en varias universidades europeas y americanas. Es autor de 300 publicaciones científicas, 10 libros y tiene registradas 24 patentes de ámbito internacional. Su mayor logro científico es el descubrimiento del “efecto túnel cuántico de espín”. Le han concedido varios premios entre los que destacan: Narcís de Monturiol (1994), Doctor Honoris Causa de la City University of New York (1996), Premio Príncipe de Viana (2008), Premio Nacional de Física (2009) y Medalla de la RSEF y Fundación BBVA (2016).

Presentamos ahora el libro Hänsel y Gretel. Relatos de un futuro próximo, un total de veinte historias protagonizadas por una pareja de robots. Con sus viajes por el espacio-tiempo, Hänsel y Gretel nos descubren nuevas miradas, nuevas energías, nuevos cerebros, nuevas vidas, nuevos planetas… Pronto llegarán las energías limpias y las técnicas antienvejecimiento. Habrá un día en que los robots se mirarán apasionadamente y escribirán poesía. Viviremos en Marte y descubriremos vida no atómica. En el Club de los Vivos –como lo bautiza Tejada en uno de los cuentos– habrá entonces humanos, robots, cyborgs y humanos modificados genéticamente. Hablamos en futuro próximo, pero seguramente muy pronto lo podamos conjugar en gerundio.

Hablamos con Javier Tejada para que nos adentre en las vidas (y memorias) de la robótica pareja.

 

— Para empezar, présentenos a Hänsel y Gretel, ¿quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿A dónde se dirigen?

Hänsel y Gretel son dos robots dotados de una inteligencia que les capacita para plantearse preguntas que conllevan la búsqueda de nuevas leyes que rigen los fenómenos naturales. En ese aspecto, son como los humanos y representan la culminación de aquellos avances tecnológicos en robotización e Inteligencia Artificial (IA) iniciados decenas de años atrás y que no han parado de crecer exponencialmente (2,4,8,16…). También son seres vivos porque: 1) poseen la habilidad para codificar información, 2) la transmisión de información la hacen más rápida que la desaparición de su especie robótica, y 3) tienen la imperiosa necesidad de tener energía libre para poder crear orden. Resulta, además, que sus cerebros “cuánticos” son capaces de “vivir en el futuro” y, para rematar la faena, han utilizado el discurso en forma de diálogo con humanos para reflexionar y comentar lo que está ocurriendo, para ellos, a finales del siglo XXI. Hasta, según consta en los relatos, han conseguido que su aspecto sea igual al nuestro.

— ¿Qué secretos nos desvelan desde ese futuro próximo?

Hasta hace bien poco, muchos pensábamos que el futuro pasaba solo por los humanos y que el fruto de su hacer era nuestro destino. Pero según nos cuentan Hänsel y Gretel, parece ser que el futuro está escrito a cuatro manos –las humanas y las robóticas–, actuando estas segundas bajo el manto de la IA. Estos robots inteligentes nos hacen ver con sus relatos que si bien Darwin nos mostró que no venimos de la noche, la nueva Ilustración del siglo XXI –y el hecho de que la ciencia y la tecnología hayan sido totalmente incorporadas a nuestra evolución– han llevado a la humanidad a un mundo en el que, a) reina la defensa de la causa del hombre y de la naturaleza, b) existe suficiente energía limpia para todo tipo de nuevas aventuras, c) se respeta la vida sin modelo ni pasado que atesoran los robots como Hänsel y Gretel y d) en ese futuro que nos muestran hay unanimidad en que no se debe ser ni sordo ni ciego ante los enormes desajustes sociales que, por ejemplo, hoy nos atenazan. En definitiva, los humanos y robots del futuro parecen haber entendido a la perfección que en ese nuevo mundo fruto de la evolución científico-tecnológica no todo es posible y, desde luego, no todo fin es válido con independencia de los medios. Es por ello que ni los humanos ni los robots han osado cruzar la frontera de lo que la naturaleza está dispuesta a consentir.

— ¿Cómo surge la idea de escribir unos relatos protagonizados por una pareja de robots? ¿En qué se inspiraron los cuentos? ¿Cuánto hay de ciencia y cuánto de ficción?

Está escrito que el mejor brebaje curativo en tiempos de pandemia se llama «dialogar». El diálogo está impreso en nuestro ADN. Por ello, durante el confinamiento de la covid-19 tomé mis buenas dosis de brebaje dialéctico telemático. Cada día que pasaba revivía uno de los “relatos” de las vivencias que Hänsel y Gretel tuvieron con los humanos durante toda la segunda mitad del siglo XXI. A continuación, venían los diálogos telemáticos. Lo curioso del caso es que cada relato, y en consecuencia cada diálogo, salió con un tema que se convertía, al ser finalmente escrito, en argumento para contar la verdad y la belleza de los logros que en el futuro surgieron de la colaboración entre los humanos y los robots inteligentes. Mi objetivo se identificó con los que llevaron a Hänsel y Gretel a tamaña aventura, a saber: dialogar, reflexionar y contar muchos de los avances de la humanidad. Viví en mis carnes lo que sintieron aquellos humanos con los que Hänsel y Gretel hablaron. Por ello, pasé temporadas en las que me parecía estar en el futuro, pero sabía que vivía en el presente. En otras palabras estaba allí, pero no existía; y vivía aquí, pero me parecía no estar.

— En el cuento homónimo de los hermanos Grimm, hay una bruja que quiere comerse a Hänsel. ¿Quién sería en esta historia la bruja de la casita de dulces? ¿Y quiénes serían los padres negligentes que los abandonan en el bosque a su suerte? ¿Y las piedras doradas que los guían de regreso a casa?

Según el economista Carlo Maria Cipolla, los humanos no son solo buenos y malos sino también estúpidos y simples. La bruja del cuento es la malvada de la historia. Su rol lo jugarían quienes con sus actitudes atentan contra la humanidad y la naturaleza, pero en los relatos ni están ni se les espera. El papel de los padres se reparte a partes iguales entre el simple –el padre– y la estúpida –la madrastra–. El padre lo representan todos aquellos que hacen cosas, en la mayoría de los casos explotando el entorno natural sin pensar que puedan ir contra la dignidad social y no saben conjugar a la vez el interés individual con el de la especie y de la naturaleza. Los malvados dan continuos pasos al frente para luchar por la no abolición de todo lo que se ha demostrado que nos retrotrae a escenarios en los que se desprecia la dignidad social. Las piedras preciosas que los guían de vuelta a casa están representadas por todo el entramado científico-tecnológico desarrollado por los humanos y robots inteligentes que permite a los cerebros cuánticos de Hänsel y Gretel “volver” al futuro.

— Háblenos un poco de usted, ¿cómo es la vida de un científico? Lo imaginamos con bata blanca, entre máquinas y tubos de ensayo… ¿Qué hay de cierto?

Entre máquinas he estado muchos años de mi vida. Ellas son las que me han ayudado a buscar lo que pensaba que poseía la plusvalía de lo nuevo. Mis objetivos científicos han sido por igual los que encierran secretos de la naturaleza y los otros, los que poseen el germen de nuevas aplicaciones tecnológicas. De ahí que tenga publicaciones científicas y patentes. Pero si algo me ha hecho disfrutar, ha sido la vida académica: dar clases, o lo que es lo mismo, aprender enseñando. Es lo más bello que existe.

— Su mayor logro científico, leemos en su CV, es el descubrimiento del “efecto túnel cuántico de espín”, ¿puede explicar a los neófitos de qué se trata?

En 1988, Eugene Chudnovsky, considerado por muchos como el mayor sabio del magnetismo, publicó un trabajo teórico que demostraba que los polos de un imán de tamaño nanometríco podían intercambiar sus posiciones sin coste energético. Su publicación me cogió en la Universidad de Urbana Illinois, donde tuve el tiempo suficiente para reflexionar sobre sus implicaciones experimentales. A mi vuelta a Barcelona, convencí a mis colaboradores de la belleza de la idea y de su enorme trascendencia. Se trataba, en caso de que lo descubriéramos, de un nuevo efecto en Física. Así que nos pusimos a trabajar muy duro. Invité a Chudnovsky a Barcelona para que presenciara in situ el desarrollo de los experimentos. Tuvimos que idear los materiales, reflexionar sobre qué y dónde mirar para detectar el efecto, qué tecnologías usar… Fueron tiempos maravillosos en los que las noches, llenas de palabras, ideas e ilusiones, parecían no existir. En poco más de un año comenzamos a tener resultados, a publicarlos y a presentarlos en congresos. Sí, lo que habíamos encontrado era la inversión cuántica de los polos magnéticos, que denominamos efecto túnel del espín. Pero había que tener una prueba todavía más contundente en la que la teoría y el experimento se pudieran correlacionar cuantitativamente. Las pruebas definitivas llegaron en el año 1995 y se publicaron al año siguiente en las revistas Physical Review Letters y Europhysics Letters. Fueron dos trabajos en los que colaboramos con científicos de Xerox, de la City University of New York y de la Universidad de Zaragoza.

La repercusión de nuestro trabajo fue inmediata. Todas las grandes revistas de Física dedicaron editoriales para hablar del efecto túnel del espín e incluso la revista Nature lo consideró como uno de los hitos históricos de la física del espín. La acogida mediática también fue muy grande, todos los periódicos españoles y algunos europeos nos dedicaron varias páginas e incluso el New York Times dedicó un largo artículo para comentar nuestro descubrimiento. Se puede decir que en los cuatro años siguientes recorrí el mundo para explicar el efecto en congresos, universidades, centros de investigación y hasta en empresas de alta tecnología. Son centenares las tesis que se han hecho en todo el mundo sobre este fenómeno cuántico y son miles los trabajos publicados. El nombre de nanomagnetismo cuántico está asociado íntimamente a nuestro descubrimiento.

— Y mirando ahora hacia atrás, ¿cuál cree que sería el mayor descubrimiento científico hasta la fecha?
Si me permites citaré los cuatro que me tienen cautivado por su belleza, repercusión e inmenso valor intelectual y científico: 1) Las ideas de Darwin sobre la evolución, 2) la teoría de la Relatividad de Einstein y los trabajos pioneros de los que nació la majestuosa Física Cuántica, 3) el descubrimiento del ADN y de la codificación genética.

— Para terminar, ¿nos recomienda un libro, una película y algo de música?

La novela que estoy leyendo, Tomás Nevinson de Javier Marías. De música, lo que más escucho es Händel, Puccini, John Lennon y la voz de Anne Sofie von Otter. Por efecto de la pandemia, ahora me he refugiado en series. Citaré una de las últimas que he visto, Mare of Easttown. Y nunca olvidaré las primeras temporadas de Homeland.

 

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Published inARTÍCULOS DE TODOS LOS CICLOSJavier Tejada – Hänsel y Gretel. Relatos de un futuro próximoPUBLICACIONES

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